Echimeneas

Historia de la chimenea

La invención de la chimenea data, según algunos del primer siglo de la era cristiana. No se ha visto en ninguna representación pictórica de Pompeya construcción alguna que se le asemeje, ni tampoco en los restos de dicha población se han  hallado indicios de nada análogo.

En Grecia hay igual carencia  de tal medio de calefacción, y la palabra kapnodeia, que en ocasiones se ha traducido por chimenea, no designaba otra cosa que un respiradero en el techo, que solía cerrarse con una válvula, y por el cual se daba salida al humo de los hogares y cocinas. Algunos pasajes de autores griegos prueban que también se hacía salir el humo por las ventanas.

Si los romanos hubiesen tenido verdaderas chimeneas no se leerían en sus autores las frecuentes quejas que exponen contra las molestias del humo. Especialmente Vitruvio, al hablar de la decoración de las habitaciones, dice que en las que se haya de encender fuego no deben colgarse cuadros, y que las cornisas y molduras sean lisas y sin labores arquitectónicas, porque el humo todo lo ensucia y estropea.

Estos inconvenientes son los que obligaban a los romanos a buscar todos los medios posibles de calentar sus habitaciones sin recurrir a los hogares descubiertos. Para ello daban a las piezas de invierno exposición adecuada para que el sol las calentara mejor; situaban los comedores al sudoeste, es decir, del lado en que el sol se pone en invierno, para que se caldearan en las horas de la tarde, que eran las de la comida principal. También emplearon otros medios artificiales de calefacción, como el brasero y el hipocausto.

Las primeras chimeneas, si bien se colocaban junto a las paredes, no llevaban jambas ni dinteles, sino simplemente una campana para la salida del humo. Las chimeneas en la forma que hoy se emplean parece que datan del siglo XII; y algunos físicos las han ido perfeccionando sucesivamente, entre otros Delorme, Ganger, Franklin, Montgolfier y Rumford.

Las primeras chimeneas se hicieron de planta circular; el tubo de salida de humos estaba empotrado en el espesor del muro, y pies derechos superados de cartelas con mucho vuelo sostenían el manto, que se enlazaba con la pared por medio de una campana semicónica.

Después del siglo XIII se hicieron de planta rectangular; el fondo o trashogar se guarnecía con tejas o una placa fundida, el manto se formaba con grandes piedras o dovelas en arco curvo o adintelado, y la campana cónica se transformó en piramidal. En otras ocasiones el trashojar volaban por fuera cuando las paredes no eran muy gruesas.

Particularmente a partir del siglo XIV fue cuando halló la pintura y la escultura empleo en la decoración de las chimeneas, tanto en sus jambas como en sus lienzos y guarniciones, cubriéndolas de escudos y bajorrelieves. En el mismo siglo en Inglaterra comenzaron a arrimarse las chimeneas a las paredes, costumbre adoptada en Francia desde dos siglos antes, pues, según cuenta Tomlisson, en dicha época aún subsistía el uso del hogar aislado en el centro de las habitaciones.

Los artistas italianos del Renacimiento, que renovaron el estilo decorativo de todas las partes de los edificios, cambiaron la forma primitiva de la chimenea francesa, que era saliente del muro y con campana voladiza, metiéndola en la pared y dándole la forma y aspecto de un cajón rectangular, en cuyo fondo se situaba el hogar, perdiendo con tal disposición las principales ventajas que la primitiva tenía de aprovechar mejor el calor en las habitaciones.

En el Renacimiento se adornaron los mantos con escudos y medallones sostenidos por niños y se cuajaron las jambas con adornos del estilo clásico. En esta época las dimensiones del hogar disminuyeron al par que se desarrollaba la decoración; e iguales disposiciones se encuentran en las chimeneas del siglo XVII, en que el mármol comenzó a sustituir a la piedra común. Entonces aparecieron los espejos colocados sobre las mesillas, que se ensancharon para poder dar cabida y colocación a mil objetos variados de adorno y lujo, como relojes, candelabros, vasos, etc.

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