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Colocación de los caloríferos de aire caliente

Como el aire caliente tiende a elevarse en virtud de su menor densidad, la marcha ascendente es evidentemente más racional y más ventajosa que las direcciones horizontales o descendentes.

Por consiguiente es necesario, en una buena instalación, colocar el calorífero debajo de las habitaciones que se han de calentar, en las cuevas, por ejemplo, si se trata de una casa-habitación, a fin de dirigir enseguida el aire caliente por los conductos ascendentes hasta los puntos más elevados de la instalación.

Colocado el calorífero, como se acaba de decir, a cierta distancia de los locales que se han de caldear, deberá estar alejado de todo contacto susceptible de hacerle perder el calor.

Para que el calentamiento del aire sea fácil y todo lo intenso posible, se construyen generalmente de metal las partes sometidas a la acción directa del foco calorífico; pero para evitar el enfriamiento es preciso cubrir el calorífero con una pared poco conductora, generalmente de ladrillos, que proteja completamente contra la acción del aire exterior las partes calentadas interiormente.

En resumen, las condiciones necesarias para el establecimiento de un buen calorífero, son sencillez de la forma, facilidad para la limpieza, para la inspección y para desmontarlo; buen tiro, superficies de calor suficientes y las secciones de los tubos convenientemente proporcionadas para obtener el enfriamiento del humo.

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