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Caloríferos de aire caliente

Son aquellos en que el caldeo se logra por medio del aire, a una temperatura suficientemente elevada, y convenientemente distribuido. El principio en que se fundan los caloríferos de aire estriba en utilizar un foco de calor colocado fuera y a distancia de los locales que se tratan de calentar. Este foco fijo de calor calienta el aire tomado del exterior, que después de haber logrado la temperatura más alta a la que puede llegar, se envía y distribuye a los diversos locales adonde lleva el calor absorbido en el punto de partida.

El caldeo del aire procedente del exterior se produce generalmente por el contacto de superficies de transmisión sometidas a la acción del foco calorífico. La temperatura resultante de esta acción depende de la intensidad de este foco, de la conductibilidad y de la extensión de las superficies de transmisión, de la cantidad de aire exterior que se hace afluir a superficie igual durante el mismo tiempo, y de la velocidad con que el aire circula en contacto con las paredes destinadas a calentarle.

El uso de los caloríferos de aire caliente data de muy antiguo. Se lo encuentra bajo una forma rudimentaria aplicado en los baños públicos de los romanos. La parte de las termas destinadas a las estufas, comprendía un local llamado hypocaustum en el que un horno interior calentaba el aire que circulaba bajo las salas y por los conductos verticales u horizontales dispuestos alrededor de las mismas.

Todo calorífero se compone esencialmente; de un fogón formado por una rejilla sobre la cual se coloca el combustible, de una campana de fundición de forma diversa, que recubre el hogar y recibe la acción directa del fuego y de uno o muchos tubos de fundición o de palastro, que sirven para dar salida a los productos de la combustión, es decir, a los gases calientes y al humo que se desprende del hogar.

Alrededor de la campana y de los tubos de salida del humo se encuentra una especie de cámara de calor a la que llega el aire que se calienta al contacto exterior de sus paredes metálicas, y de allí se dirige por los conductos que le distribuyen por los locales que se han de calentar. Es necesario, si se quiere evitar un deterioro muy rápido, que la campana tenga una dimensión suficiente para no estar expuesta a los golpes de fuego; también es preciso que los tubos de humo tengan formas sencillas, sin recodos bruscos, que sean fáciles de inspeccionar y de limpiar en todas sus partes.

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